sábado, 8 de agosto de 2009

Siete Almas

Will Smith es de esos actores que sabe escoger bien los proyectos. Viendo su filmografía, uno deduce fácilmente que no es solo suerte que cada producto que ha realizado haya sido un éxito (por supuesto hay algunos que no lo fueron, pero son los menos), también hay que decir, que Smith a navegado por varios géneros y ha salido airoso de ellos, no todo actor tiene esa capacidad, así que el chiquillo rapero algo tendrá. No cabe duda que Smith combina muy bien sus proyectos de riesgo (esos que son culebrones dramáticos de bajo presupuesto que más de uno evita como la peste) con los puramente comerciales, más o menos como lo hace Steven Spielberg (Ya no tanto).

Lo que sí tengo claro es que los tres últimos trabajos de Smith no me han parecido muy bueno, “Soy leyenda” me pareció un insulto a esa maravilla de libro de Richard Matherson (El libro que mejor cuido de mi estantería), “Hancock” una película bobalicona, predecible y con poca garra se podría salvar, ya que es un poco entretenida. “Siete almas” de Gabriele Muccino, director con el cual Smith ya trabajo anteriormente en la película “En busca de la felicidad”. Smith busca un reconocimiento como actor (premios), y lo busca con personajes dramáticos, con una gran carga emocional (Todos sabemos que nunca darían un premio por interpretar a Ace Ventura).

¿En que coño estaba pensando cuando hice esto?

De hecho, el personaje de “Siete almas” lleva tal cruz encima, que podríamos decir que es como Jesucristo, y esa carga es tan grande que al propio Smith se le va un poco de las manos, no creo que sea su mejor trabajo, en su anterior colaboración con Muccino lo hacía mucho mejor, pero mucho mucho mejor. En “En busca de la felicidad”, Smith demostró el actor que lleva dentro, evitando caretos chistosos y decir frases con sentimientos y no carajotadas como nos tiene acostumbrado. Sin lugar a dudas, Smith ha salido mejor del encasillamiento que Jim Carrey, por ejemplo.

Pero ¿Qué es “Siete Almas”? es un vehículo de sufrimiento para el espectador, un aburrimiento en toda regla, lleno de tópicos vistos mil veces. Una historia que me cuesta creer, ya que si a alguien le pasa algo así, fijo que se echa a la bebida o se suicida, pero claro, si hay que crear un drama, qué mejor forma que crear a un personaje frustrado por la muerte de su mujer y seis personas más. Éste solo puede salvarse o sentirse bien, buscando a otras siete personas y ayudarles en sus vidas, aunque no ayudando de una forma típica y común, sino donando órganos de su cuerpo, dejando más que claro a los treinta minutos de peli lo que va a ocurrir en la siguiente hora y media, dos cojones ahí para el guionista de la función, te has lucido picha, tus giros argumentales los ve venir de lejos hasta Steve Wonder.

La película no solo se tambalea por un guión flojo y coñazo, también contribuye a ello el compositor Angelo Milli que hace un score muy lineal, sin dramatismo, salvo al final, que arropa un par de secuencias correctamente. Muccino también tendría que haber hecho bien los deberes, y después de un primer visionado, haberse dado cuenta de que su historia se puede contar en hora y media, y no en dos como lo ha hecho, es más ¿hacía falta recalcar tanto la frustración del personaje de Smith ayudando a tantas personas? ¿No se podría haber contado lo mismo con menos personajes? Si lo sé, en vez de “Siete almas” se hubiese llamado “Tres Almas”, pero ¿y qué? Seguro que hubiera salido un producto mejor.

En fin, una campaña publicitaria tan fuerte y tan bombardeante, ha hecho que al final haya caído en sus redes, y eso que algo me olía a podrido, pero bueno, en vez de “Siete almas” me lleve “Siete puñalás”, las mismas que os llevaréis si la veis.

En boca cerrada no entran moscas

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